PUNTOS CLAVE EN LA CONSECUCIÓN DE METAS PERSONALES

Una de las problemáticas más cotidianas es la sensación que solemos experimentar de carencia de tiempo en el planteamiento y consecución de objetivos vitales. Ciertamente, en la mayor parte de los casos, la clave no está en la cantidad de tiempo disponible para realizar las tareas o actividades propuestas, sino en la distribución que hacemos del mismo. Así, elaborar una organización más eficaz de las horas del día es un paso previo indispensable en el establecimiento de objetivos y adquisición de nuevos hábitos cotidianos. Varios estudios han demostrado que la organización y planificación de actividades permiten a la persona vivir mejor, disfrutar más y disminuir los síntomas de ansiedad y depresión o cualquier otra manifestación psicológica, así como también presentar un mayor rendimiento a nivel laboral y un sentimiento de satisfacción general (Gavino, 2008).

 

Las intervenciones cognitivo-conductuales en el establecimiento de objetivos personales

Las técnicas psicológicas pertenecientes a esta vertiente se caracterizan como un conjunto de pautas de carácter práctico que podemos aplicar a nuestra vida con el fin de mejorar nuestra eficacia en nuestros diferentes ámbitos (laboral o profesional, académico, personal o interpersonal, etc.). La premisa básica en que se fundamentan estas directrices se orienta a ampliar la perspectiva individual hacia conseguir hitos más a medio y largo plazo, dejando en un plano secundario la consecución de resultados más inmediatos, usualmente son muy complejos de lograr.

Las primeras aportaciones que se realizaron sobre esta temática se remontan a 1945, con la publicación de The Practice of Management de Peter Druker. Posteriormente, su utilización se extendió y va a llegar un elemento muy importante tanto a las terapias psicológicas cognitivas como las de carácter más conductuales, ambas aplicables con considerable eficacia a un número muy elevado de trastornos psicológicos (Chambless y Hollon, 1998; Chambless et. al., 1998; Chambless y Ollendick, 2001; Labrador, Echeburúa y Becoña, 2000; Psicothema, 2001; Pérez te al, 2003).

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Un segundo punto importante hace referencia a la planificación de actividades cotidianas. Este es un proceso aplicable a una amplia variedad de contextos. Así, bien puede formar parte de una intervención psicológica o también puede ser un procedimiento puesto en marcha de forma aislada. De forma general, esta técnica puede resultar muy útil en aquellas situaciones en que la persona presenta tanto un déficit, un exceso o una desorganización en el desempeño de las propias actividades.

Las actividades se pueden clasificar de varias maneras en función de diferentes criterios:

  1. Actividades obligatorias y actividades optativas
  2. Actividades inaplazables y actividades no urgentes
  3. Actividades placientes, actividades neutras y actividades desagradables
  4. Actividades individuales y actividades colectivas
  5. Actividades flexibles y actividades rígidas

Cabe tener en cuenta dos aspectos relevantes que influyen considerablemente en la realización de cualquier actividad: las habilidades y los conocimientos que posee la persona respecto de la actividad misma. Ambos son elementos sumamente subetivos y pueden determinan la complejidad o dificultad que percibe el individuo que tendrá la puesta en marcha de una actividad determinada.

 

La administración del tiempo

Usualmente, solemos basar la organización y distribución del tiempo diario fundamentándonos en hábitos y costumbres cotidianas, y a veces no nos planteamos la posibilidad de que esta forma de organización se podría mejorar para conseguir un rendimiento más elevado. Autores expertos en la cuestión afirman que dependiendo de la manera en que un sujeto distribuye su tiempo diario, este lo puede percibir de una forma positiva y satisfactoria o por el contrario, de una manera incómoda y ansiógena. Resulta, pues, muy importante saber determinar cuánto tiempo se va a dedicar a una actividad concreta, evitando los espacios de tiempos vacíos o muertos (que son los que originan el malestar emocional) y así poder disfrutar del día a día adecuadamente.

Una organización del tiempo eficaz debe de considerar los siguientes aspectos:

  • Debe ser realista, adecuándose a la dificultad de la actividad que se está desarrollando así como al grado de satisfacción que supone para el individuo el hecho de ponerla en marcha.
  • Debe ser proporcionada, al  corresponder las necesidades del momento o a las posibilidades de que dispone la persona.
  • Debe estar muy distribuida,  e incluir una repartición cuantitativamente equilibrada de tiempo de los diferentes ámbitos vitales (personal, profesional, interpersonal -familiar, amistades-, etc.
  • Debe incluir un espacio de tiempo libre, es decir, una cierta cantidad de tiempo no planificada que servirá para atender imprevistos o simplemente, para no realizar ninguna actividad.

 

Procedimiento para el establecimiento de objetivos

El establecimiento de objetivos es una actividad aplicable a cualquier ámbito de la vida cotidiana. Es importante apuntar que para su consecución final se requiere el planteamiento previo de distintos tipos de objetivos más o menos próximos en el tiempo:

a. Finales: finalidad última a la que quiere aspirar la persona
b. Intermedios: objetivos necesarios para lograr el objetivo final
d. A medio plazo: los que se logran en un futuro cercano
c. Inmediatos: los que se consiguen al presente

Un aspecto fundamental recae en el componente motivacional que presenta el individuo. Para determinar el grado de implicación individual para el establecimiento de un objetivo se puede recurrir a un listado donde se anoten las ventajas y los inconvenientes que supondría la puesta en marcha del objetivo a lograr.

Los objetivos tienen que ser claros (para poder comprender lo que se desea conseguir), operativos (qué procesos deben seguirse para conseguirlos), flexibles (contando con la posibilidad de modificarse o adaptarse a unas circunstancias determinadas), posibles (tienen que ser alcanzables y realistas) y estimulantes (deben ser interesantes para la persona).

Otro aspecto clave reside en fijar a nivel cuantitativo un volumen adecuado de metas, con la finalidad de evitar cometer errores por defecto (establecer menos objetivos intermedios de los necesarios para conseguir el objetivo final) y errores por exceso (proponer más de los necesarios). El planteamiento de las siguientes cuestiones puede servir de ayuda:

¿Este objetivo concreto me acerca a lograr el objetivo final?
¿Me encuentro en las condiciones adecuadas por de conseguirlo?

 

En épocas como las vacaciones de verano, el inicio de un nuevo año o curso académico pueden ser momentosóptimos para empezar a proponernos algunos nuevos hitos como hacer más deporte, incorporar hábitos más saludables en la alimentación, iniciar algún curso que nos interese realizar, etc. Las pautas indicadas pueden servir de guía para poder conseguir los planteamientos iniciales que deseamos  llevar a cabo. ¡Adelante!

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