ENTREVISTA CONCEDIDA A CLARA GONZÁLEZ: “HABLEMOS SOBRE EL BULLYING”

Con una enorme satisfacción comparto el contenido de la entrevista que la alumna Clara González me ha realizado para su investigación académica sobre el acoso escolar.

 

 

Para empezar, ¿podrías explicar un poco tu trayectoria profesional?

Ejerzo como psicóloga y psicoterapeuta desde hace más de 5 años trabajando en la intervención con adultos y especializada en la corriente cognitivo-conductual. Al finalizar los primeros estudios universitarios estaba muy decidida a orientar exclusivamente mi profesión hacia este colectivo pero años después amplié mi formación para poder atender casos de psicología infanto-juvenil y psicopedagogía. En 2015 empecé a formar parte del equipo Centre Estudi (Sant Celoni) trabajando en casos de dificultades atencionales, trastornos de aprendizaje como la lectoescritura, perfiles autistas y adolescentes con alteración conductual, principalmente. Finalmente, en 2016 inicié un nuevo proyecto ampliando mi actividad profesional en un despacho propio, en Granollers. Mis próximas metas se orientan a continuar mi formación en la vertiente clínica y, más adelante, en obtener un mayor dominio de las intervenciones basadas en Mindfulness, un área que encuentro muy interesante.

¿Qué opinión tienes personalmente sobre el acoso escolar?

Lo cierto es que considero que, a pesar de que últimamente ha aumentado la denuncia a nivel social de esta problemática, existe un elevado porcentaje de casos que se dan habitualmente y que pasan desapercibidos. El acoso escolar dispone de muchas y diversas maneras de manifestarse, no sólo se trata de una agresión de tipo físico, sino que también puede ser verbal, psicológica o social, las cuales son mucho más difíciles de detectar por la comunidad educativa.

¿A qué crees que es debida la agresividad entre los alumnos?

Según mi opinión, creo que en las últimas dos décadas se ha producido un cambio sustancial en los valores que la sociedad actual transmite a los individuos que la conformamos. Desde los noventa hasta ahora los medios de comunicación y muchos de los líderes públicos han ido dejando de dar importancia a aspectos como la colectividad o el compartir y enfatizan la individualidad, el consumismo y la competitividad entre los individuos. Por otro lado, también se tiende a defender un funcionamiento ligado a la inmediatez, a no saber esperar, etc. Debido a ambos fenómenos, se ha visto agravado un incremento de la agresividad como método para conseguir ser mejor o tener más que el otro cuanto antes mejor. Estos son algunos de los aprendizajes que están interiorizando los niños de hoy en día y que están favoreciendo que las relaciones que mantienen con su entorno se vuelvan violentas y desadaptativas.

¿Cómo definirías el concepto bullying?

El bullying se refiere al conjunto de comportamientos y situaciones en las que se ejerce acoso, el cual se establece entre individuos (usualmente menores, aunque no exclusivamente) en el ámbito escolar.

El acoso implica la existencia de una víctima sobre la que el agresor o grupo de agresores ejerce algún tipo de maltrato aprovechando su posición de fuerza, ya sea objetiva o subjetiva. Además, se da un desequilibrio entre ambas partes -física y/o emocional- por el cual la víctima se encuentra en un estado de indefensión de forma mantenida en el tiempo. Otro aspecto importante es que se deben de dar unas circunstancias ambientales e interpersonales, como la acción de aquellas personas que apoyan activa o pasivamente al agresor, que se van gestando gradualmente. Así, los roles agresor-víctima no aparecen usualmente de forma repentina.

El bullying incluye múltiples tipos de conductas, tanto explícitas cómo encubiertas, que se pueden clasificar en físicas (un empujón), verbal (un insulto), psicológica (atemorizar a la víctima) o social (aislar a la víctima del suyos compañeros). También existen otras formas como el acoso de tipo sexual y, finalmente, el cyberbullying o acoso mediante las redes sociales y las nuevas tecnologías.

bullying

¿Crees que hay una diferencia de acoso escolar según el sexo?

Las estadísticas indican que la incidencia más elevada se encuentra en el alumnado de ESO, que cerca del 60% de las víctimas son chicos y que, a pesar de que es difícil establecer exactamente qué causas precipitan la conducta del agresor, existen unas características asociadas a este rol como: baja autoestima, necesidad de reafirmarse ante los otros a través de la agresividad o una baja tolerancia a la frustración. Además, no disponen de recursos de afrontamiento  adaptativos ante los conflictos y usualmente han sido testigos de modelos de referencia exigentes, poco afectivos y basados en la violencia. Aún así, los chicos tienden más a aplicar acoso físico o verbal, más directo, y las chicas acostumbran a utilizar formas más indirectas como el acoso psicológico o social.

¿A que se debido de que una persona sufra bullying? Dirías que hay algún prototipo en concreto?

De manera más frecuente las víctimas de bullying suelen caracterizarse por pertenecer a una etnia minoritaria dentro del contexto concreto en que se encuentran o también disponer de un rasgo diferenciador como puede ser una orientación sexual alternativa o algún tipo de discapacidad física o psíquica. También es frecuente encontrar en las víctimas perfiles con marcadas dificultades en las habilidades sociales comunicacionales y suelen tener un funcionamiento poco asertivo hacia las figuras de su entorno cercano como las familias o las amistades.

El hecho de sufrir bullying, ¿puede comportar consecuencias en la personalidad de la persona que lo sufre?

Las consecuencias a nivel emocional para la víctima de bullying pueden llegar a ser de una gravedad intensa y afectar a las diversas áreas vitales como: la escolar, causando una disminución del rendimiento académico, dificultades de aprendizaje e incluso traducirse en fracaso escolar; la psicológica-personal, precipitando el desarrollo de una sintomatología de elevada ansiedad que, mantenida en el tiempo, puede desarrollar temores anticipatorios al hecho de asistir a clase o de relacionarse con los iguales (fobias) así como un deterioro de la autoestima que puede derivar en la aparición de trastornos depresivos o ideación suicida; la social, donde la víctima se ve aislada del entorno familiar y las amistades agravando todavía más las dificultades en las habilidades sociales.

Este conjunto de déficits emocionales, sociales y escolares experimentados en la niñez o la adolescencia pueden contribuir negativamente en el establecimiento de un perfil de personalidad adulto inseguro, depresivo, carente de relaciones interpersonales sanas, por ejemplo.

El problema del bullying, es que muchas veces, desgraciadamente, suele ser silencioso. Según una encuesta que he hecho, un gran porcentaje de gente que ha sufrido bullying ha respondido que no lo explicó. ¿Por qué crees que la víctima lo mantiene en silencio? ¿Y los espectadores?

Precisamente el perfil de inseguridad y carencia de asertividad hacen que la víctima sienta una combinación de vergüenza, culpabilidad y tenga además la percepción de poco apoyo social. Uno de los factores mantenedores de estas conductas de acoso, como se ha comentado anteriormente, es el papel que juegan las personas que no ejercen personalmente el maltrato pero que se muestran como observadores pasivos o alientan al agresor principal. La víctima se siente aislada y por lo tanto percibe que difícilmente los demás se pondrán de su lado. Además, si esta persona presenta una característica que «la hace diferente» como su color de piel o su homosexualidad, por ejemplo, se sentirá todavía más en inferioridad. Finalmente, las formas de bullying social o psicológico, por su naturaleza insidiosa, pasan muy desapercibidas y cuesta mucho demostrar su existencia. Además, se producen de forma progresiva, de manera que la víctima va adquiriendo poco a poco un perfil de individuo débil y como consecuencia es estigmatizada ante los otros de manera sutil.

El bullying se puede sufrir en todas las edades, ¿pero qué edad dirías que es la más frecuente en las víctimas? ¿Por qué? 

Las edades donde se observan mayores índices de acoso escolar han disminuido últimamente, pasando de los 12-14 años a los 10-11 años. Además han aumentado los casos en niños de 7-9 años notablemente. Las edades de los agresores también se han reducido situándose también en una media de 11 años. Según mi opinión, creo que la etapa adolescente se ha avanzado de forma general en las generaciones más recientes. Los menores entre 8 y 12 ya están muy expuestos a contenidos violentos, a las redes sociales y al uso de internet, teniendo accesible todo tipo de información. En muchas ocasiones este acceso ilimitado no se encuentra regulado o supervisado adecuadamente por las figuras parentales. En mi día a día observo frecuentemente a familias que pasan poco tiempo compartido a diario con los hijos, así como una mayoría de los menores que dedica una gran parte de su tiempo libre a las pantallas (televisión, móvil, consola, ordenador, etc.) y considero por ello como una gran necesidad, que revirtamos de forma global este tipo de funcionamiento tan extendido y a la vez tan perjudicial para las generaciones futuras.

¿Cómo se puede detectar al agresor? ¿Tiene un prototipo en concreto?

El perfil del agresor puede ser muy variado pero existen una serie de indicadores de riesgo que pueden precipitar la aparición de este tipo de comportamiento acosador, como por ejemplo: dificultades emocionales de empatía para comprender los sentimientos de los otros, un funcionamiento autoritario y agresivo con pocos recursos para afrontar conflictos o tolerar la frustración, antecedentes de modelos familiares violentos, problemas de alteración conductual como la impulsividad o un perfil desafiante, con baja autoestima y posible consumo de sustancias.

Cuando una persona está sufriendo bullying, ¿crees que la mejor opción es acudir a un psicólogo? 

Si bien es cierto que debido al sufrimiento psicológico que la víctima del acoso puede experimentar la intervención psicológica es un componente fundamental, también hay que remarcar que ante la experiencia de una situación de bullying se debe poner en marcha toda una serie de medidas coordinadas principalmente entre el centro escolar y las familias para interrumpir el episodio y proteger a la víctima. Este trabajo conjunto es fundamental porque si no cesan las acciones de maltrato, la tarea del psicólogo se encuentra muy limitada. Aún así, en un primer momento y hablando desde mi experiencia profesional, el psicólogo puede ser una figura muy importante de apoyo para acompañar a la víctima en el proceso de denunciar los hechos.

¿Qué procedimiento utilizan los psicólogos con los niños que sufren bullying?

 Teniendo en cuenta las alteraciones emocionales que sufren las víctimas de acoso, el trabajo fundamental deviene inicialmente establecer un buen vínculo terapéutico con la persona acosada y hacer un acompañamiento ofreciendo apoyo psicológico para que esta pueda exteriorizar su vivencia con mayor confianza. Posteriormente, se trabajan aspectos como los sentimientos de culpabilidad, la autoestima, la sintomatología ansiosa y depresiva con la finalidad de que la víctima pueda dar una interpretación más racional y realista de los hechos (eliminando el sentimiento de culpa, por ejemplo). Otra parte importante es el trabajo en el aprendizaje de recursos personales protectores como las habilidades sociales y la asertividad con el fin de afianzar un funcionamiento psicológico personal más seguro y que permita afrontar de manera adaptativa potenciales conflictos interpersonales. Todo este proceso va acompañado de una coordinación permanente familia-escuela-psicólogo donde se valora conjuntamente la evolución del caso.

¿Has tratado algún caso de bullying que te haya sorprendido? En caso afirmativo, ¿podrías explicar tu experiencia? ¿Has podido ayudar a la víctima?

Durante los casi tres años que llevo trabajando con población infanto-juvenil he trabajado en pocos casos de elevada gravedad de acoso escolar. Uno de ellos, recuerdo que me dejó una sensación ambivalente en cuanto a que considero que la forma en cómo se realizó el abordaje del caso entre el centro escolar y la familia, de manera confrontadora, no fue óptima y esto dificultó mucho mi tarea.

¿Cómo pueden los padres reconocer que su hijo está sufriendo bullying? ¿Y los profesores?

A pesar de que ya se ha expuesto la dificultad en la detección de los casos de acoso, se pueden diferenciar una serie de indicadores en el comportamiento de la víctima que pueden activar la alerta en los padres, como por ejemplo el hecho de que el alumno no quiera asistir a clase o que no quiera salir con los amigos, un empeoramiento en el rendimiento académico o un aumento de la irritación, la pérdida de interés en la realización de actividades agradables, usuales comentarios expresando su infravaloración, etc.

¿Dirías que la sociedad está concienciada sobre esta situación?

Creo que cada vez más la concienciación va en aumento, pero todavía queda un largo camino para recorrer. Bajo mi opinión, creo que a nivel teórico sí va incrementándose la sensibilidad por este tema pero esto cambia cuando se tiene que afrontar una situación real en primera persona. Las familias y los centros escolares necesitan mucho más apoyo y recursos para poder llevar a cabo una intervención adecuada de los episodios así como unos protocolos más orientados a su prevención.

¿Piensas que actualmente, los profesores actúan siempre cuando hay una situación de bullying? ¿O a veces no se dan cuenta?

De forma habitual trabajo muy estrechamente con equipos docentes y centros escolares y puedo decir que, en un porcentaje muy elevado sobre todo en educación primaria, los docentes velan de una manera admirable por sus alumnos. He podido conocer casos incipientes de bullying donde se ha intervenido de manera temprana y los resultados han sido muy positivos.

¿Como crees que el profesorado puede poner fin al bullying en las escuelas?

Creo que fomentar programas y contenidos en las horas lectivas con carácter preventivo es clave para reducir las elevadas cifras de casos de acoso. En concreto, potenciar la autorreflexión del propio comportamiento, trabajar contenidos en inteligencia emocional, en la resolución asertiva de conflictos y el desarrollo de valores como la empatía y el respeto son fundamentales. Los profesores deben servir de modelo de referencia para aprender estos tipos de conductas adecuadas.

Por otro lado, una buena relación y comunicación familia-escuela favorece un seguimiento más eficiente del alumno, así como la implicación y el trabajo de colaboración cuando surge alguna adversidad.

¿El bullying se puede superar después de haberlo sufrido? 

Al ser un fenómeno tan complejo y que depende de muchos factores no se puede asegurar que en todos los casos la víctima no mantenga alguna secuela del episodio en su vida adulta. En función de cuánto se ha tardado en ser detectado, de cómo se ha resuelto en el centro escolar, de la actitud parental, de las particularidades que presenta la víctima, del tipo de acoso cometido, etc., la gravedad y la evolución pueden ser muy diversas. Una intervención psicológica de larga duración será un componente fundamental para recomponer emocionalmente a la víctima y dotarla de recursos psicológicos para prevenir y/o afrontar adecuadamente la experiencia futura de posibles situaciones de maltrato. Aún así, las investigaciones indican que las personas que sufrieron bullying pueden continuar presentando ciertas dificultades en las relaciones sociales manifestando sintomatología ansiosa o depresiva.

Por último, ¿qué consejo darías a una persona que lo sufre?

Bajo mi punto de vista, la denuncia del hecho es clave. Es el primer paso para salir de la pesadilla en que se encuentra atrapada la víctima. Y, finalmente, le intentaría hacer entender que no se debe sentir culpable puesto que no ha hecho nada malo y que no está, y no estará, sola en todo el proceso de afrontamiento de la situación.

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