VIOLENCIA DE GÉNERO EN LA ADOLESCENCIA: MITOS Y FACTORES IMPLICADOS

En los últimos tiempos parecemos encontrarnos con un auge en la proporción de denuncia y toma de conciencia sobre episodios de violencia de género y de todas las implicaciones que este fenómeno conlleva socialmente. Una cuestión inquietante que también se observa en aumento en la actualidad es la frecuencia de este tipo de prácticas en la población adolescente. ¿Qué factores pueden estar incidiendo en esta tendencia? Parece ser que determinados aspectos sociales externos y algunas creencias erróneamente extendidas podrían estar vinculados.

Aspectos relativos a la adolescencia vinculados a la violencia de género

La adolescencia deviene una etapa vital considerablemente trascendente en el desarrollo personal de los individuos debido a que se encuentra condicionada a la ocurrencia de muy diversos cambios tanto a nivel físico como a nivel psicológico. En concreto, la aparición y desarrollo de todas las características biológicas ligadas a la sexualidad, la diferenciación de la identidad individual del adolescente respecto de la de las figuras de referencia –la familia, los iguales- o el inicio de las primeras relaciones de pareja, por ejemplo, hacen que las chicas adolescentes puedan encontrarse en una posición de confusión, inseguridad o duda ante el gran volumen de incertidumbres que se les presentan en dichas edades. Tales incertezas también abarcan el área de los roles de género, la forma en que se configuran las relaciones de amistad o románticas y la concepción de qué prácticas o conductas implican la existencia de episodios de violencia de género.

Así, de entre los factores que pueden dificultar la atención y acompañamiento ofrecido a la población adolescente en cuestiones relativas al fenómeno de la violencia de género cabe destacar los siguientes:

  • La edad. Como ya se ha comentado anteriormente, este momento vital resulta especialmente complejo por la necesidad de experimentar y descubrir el propio “yo” tan propio en este colectivo. Este fenómeno conlleva actitudes de cuestionamiento de las figuras adultas ante el desconocimiento sobre las experiencias que van hallando durante su maduración personal.

  • La distorsión del concepto de amor y de relación de pareja. Los medios de comunicación como la TV, internet, el cine o la literatura reflejan una construcción sesgada e idílica de este tipo de fenómenos. Así, parece que este tipo de visión irreal y romántica de las relaciones sentimentales trasmiten valores sociales como por ejemplo que “el amor es sufrimiento” o “en el amor todo vale”. Esta perspectiva generada de forma artificial lleva implícito equiparar el rol masculino a la idea de superioridad o dominancia y el rol femenino a la idea de sumisión o buenismo (“los chicos malotes, chulitos, rebeldes son los que atraen a las chicas decentes, sensibles e indefensas”).

  • La postura de inexperiencia de las figuras de amistad de las víctimas adolescentes de violencia de género puede llevar a normalizar actuaciones violentas por parte de pareja. La dificultad de las víctimas para compartir y exteriorizar este tipo de eventos con sus círculos interpersonales más cercanos y quizá más probable, como son las amistades, se une al desconocimiento que esta red de apoyo posee sobre este tipo de actitudes machistas o sexistas, a que se encuentran igualmente en la misma etapa vital que la víctima y, por ende, es probable que presenten las mismas inseguridades o el mismo tipo de inexperiencia.

  • El cuadro de malestar basado en la autoculpabilización, el automenosprecio y la posición social de inferioridad asociada al rol femenino provoca la negación por parte de la víctima de la ocurrencia de episodios o dinámicas de pareja violentas, así como la disminución de la gravedad otorgada a esta clase de prácticas.

  • La influencia de modelos familiares patriarcales o basados en relaciones interpersonales asimétricas (dominancia-sumisión) puede interferir en la toma de conciencia y cuestionamiento en cuando a la idoneidad o toxicidad de la relación de pareja que mantiene la hija adolescente. Si se da tal confrontación parento-filial se dificultará el hecho de que la chica pueda compartir con sus padres la ocurrencia de eventos violentos en su relación de pareja.

  • Las facetas personales, rasgos caracteriales y temperamentales de que dispone la menor en cuanto al nivel de asertividad, la dominancia, la seguridad y autoconfianza personal, la sensibilidad o el tipo de afrontamiento ejercido ante potenciales adversidades son factores contribuyen al desarrollo de una dinámica sana o perniciosa de la relación establecida con la pareja, en la que la chica puede adquirir el rol de víctima o de víctima-agresora. Esto conlleva una vez más a facilitar la normalización de la conducta violenta entre ambas partes.

 

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Mitos sobre la violencia de género en la adolescencia

  1. El maltrato a las adolescentes solo se da en contextos socioeducativos bajos: los estudios y estadísticas demuestran que la violencia de género ocurre en todos los estratos educativos, sociales y económicos (Sanz-Barbero, Rey y Otero-García, 2014).

  2. Las creencias sexistas no tienen relación con la violencia de género. El sistema de creencias que un individuo genera, su conceptualización sobre los roles de género, las creencias sobre las relaciones de pareja, etc, son precisamente las bases sobre las que se sustentan las conductas externas de maltrato de género, puesto que dichas acciones son consonantes a tal concepción o conjunto de creencias.

  3. A las adolescentes les gustan los chicos malos. Tal como se comentaba anteriormente y como defiende Gómez (2004) esta creencia es una construcción social derivada de los valores transmitidos por los medios de comunicación, cine y literatura elaborados de forma artificial, por lo que no puede concluirse que de forma innata, genética o biológica, las chicas se sientan atraídas amorosamente por los chicos malos.

  4. Las adolescentes controlan y maltratan a sus parejas en igual proporción que a la inversa. Existe un fenómeno que se llama “espejismo de la igualdad” por el que se cree erróneamente que la equiparación entre ambos géneros es un hito ya alcanzado. Se critica teóricamente la concepción machista y sexista de los roles de género pero las estadísticas corroboran precisamente lo contrario en muy diversas facetas sociales: diferencias salariales, porcentaje de puestos de responsabilidad, cuidado del hogar y de la familia, etc. La idea de que las chicas son violentas de igual manera que sus pareas se vincula estrechamente con la culpabilización de la víctima en este tipo de situaciones y, por lo tanto, alimenta la desigualdad entre ambos sexos.

  5. Los chicos que maltratan a una chica adolescente son víctimas de sistemas familiares maltratadores. Como se ha comentado líneas arriba, tanto las víctimas como los agresores se encuentran en todos los estatus sociales, educativos y económicos, lo que comparten realmente los agresores no es el hecho de haberse desarrollado en un ambiente de maltrato en sí mismo, sino la interiorización de un sistema de valores sexistas y machistas.

  6. A los chicos disruptivos les favorece tener una pareja que les haga madurar y ser responsables. De forma similar a lo que se indicaba anteriormente, las construcciones sociales normalizan que el chico presente un rol agresivo y un rol de sumisión a la mujer. Los individuos de sexo masculino violentos no van a dejar de seguir expresando este tipo de funcionamiento porque su pareja posea un perfil más estable; este tipo de tendencia violenta debe trabajarse de manera profunda a nivel psicológico fuera del ámbito de la pareja principalmente.

  7. Las adolescentes no son capaces de tomar conciencia respecto de este tipo de situaciones de violencia y se dejan arrastrar por sus supuestos sentimientos de amor hacia su pareja. A pesar de la tendencia aún predominante de ocultación y normalización de los episodios de maltrato y violencia de género, cada vez son mayores los índices de denuncia. Por ello las chicas son más capaces en la actualidad de ser conscientes y expresar el malestar y afectación que dichas conductas les provocan. Por otra parte cuando se aborda el tema con las adolescentes sin demostrar una actitud sexista, culpabilizadora, crítica, estas suelen mostrarse más receptivas a contemplar un cambio de su perspectiva o a considerar otros puntos de vista y reflexionar sobre ello.

  8. Si la adolescente no quiere dejar al agresor no es posible intervenir de ninguna forma. Con un trabajo de concienciación no criminalizadora o crítica se pueden conseguir objetivos beneficiosos a través de las figuras personales más significativas como la familia, centrando el foco de intervención en el malestar experimentado por la víctima, dejando de lado la culpabilización o posturas más confrontativas.

A modo de conclusión

Como se ha podido observar, una parte preventiva fundamental en el abordaje del inquietante fenómeno que implica la violencia de género en la población adolescente, deviene la reflexión y el cuestionamiento de algunos de los valores sociales que de forma más o menos consciente predominan en el conjunto de la población actual y que están intrínsecamente interiorizados y normalizados en ella. Si no se producen este tipo de cambios a nivel de perspectiva cognitiva general sobre la conceptualización de los roles masculino y femenino y sobre cómo deben establecerse las relaciones entre ambos, el objetivo de erradicar a nivel comportamental el conjunto de conductas violentas y sexistas del hombre hacia la mujer va a ser extremadamente complejo de alcanzar. Si bien es cierto que de forma más reciente se observa un mayor nivel de concienciación y de denuncia sobre esta cuestión, aún queda un largo camino por recorrer. En tal trayecto todos los integrantes de la sociedad, desde entes más particulares como las familias o más generales como los medios de comunicación, los sistemas educativos o, en definitiva, el tipo de políticas que se deciden aplicar, posen igualmente un papel sumamente relevante.

Bibliografía de referencia:

– Fernández-Zurbarán, P. (2018) Guía para profesionales ante chicas adolescentes que sufren violencia de género. Ed. Instituto Andaluz de la Mujer. Consejería de igualdad y políticas sociales (Junta de Andalucía).

– Gómez, J. (2004) El amor en la sociedad del riesgo. Una alternativa educativa. Barcelona. Ed. El Roure.

– Sanz Barbero, B. Rey, L., y Otero-García, L. (2014) Estado de salud y violencia contra la mujer en la pareja. Gaceta sanitaria, 28(2), 102-108.

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