¿CÓMO GESTIONAR PSICOLÓGICAMENTE EL CONFINAMIENTO POR LA COVID-19?

La situación de alarma sanitaria que está ocasionando la propagación del Coronavirus a nivel ya mundial es un fenómeno para el que muy difícilmente el ser humano podría estar preparado de antemano a nivel psicológico. Los signos de potencial preocupación que pueden generarse en estos días se vinculan, no solo en referencia a la cuestión sanitaria, en el sentido de la posibilidad de contraer la enfermedad, por la gravedad de los síntomas que pueda presentar uno mismo o las personas del entorno próximo (o lejano), también por la repercusión que ello produzca en la economía global, la incertidumbre sobre los propios puestos de trabajo o los ingresos a final de mes, etc., sino que también resulta compleja la gestión emocional derivada del mismo confinamiento en el hogar. Así, durante las próximas semanas parece evidente que muchas de las actividades cotidianas han quedado fuera de alcance y además de manera (in)definida en el tiempo, según apuntan los organismos gubernamentales. La ausencia de experimentar tales recompensas o estímulos agradables (en forma de ocupaciones) puede generar sensación de estrés, preocupación, frustración, tristeza o desesperanza.

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Preocupación, miedo y confinamiento

Quizá de entre las emociones mencionadas, la que más frecuentemente puede evidenciarse durante este complicado periodo, deviene la relativa a la preocupación y el miedo. En términos teóricos, el miedo es una de las emociones básicas y universales que presenta el ser humano y, a pesar de que aparentemente puede entenderse como una respuesta disfuncional y negativa, el miedo se define como una emoción positiva y adaptativa, puesto que es la señal de alarma que posee el sistema nervioso para comunicar la presencia de un potencial peligro del que el individuo debe preservarse.

En la gestión psicológica del miedo, uno de los puntos principales hace referencia a la capacidad de darle un significado realista, lógico y racional al potencial objeto amenazante. Así, de forma muy frecuente, las preocupaciones y temores desadaptativos se encuentran sustentados por creencias, pensamientos y conclusiones irracionales o sesgadas, en las que se tiende a magnificar aquella información que confirma el temor y se deja de considerar aquella que lo refuta. Es decir, que el ser humano amplía el foco de atención a aquellos aspectos adversos y pesimistas, dándoles un mayor peso o credibilidad y efectuando, por tanto, dos de las distorsiones cognitivas más frecuentes: el sesgo confirmatorio y la abstracción selectiva.

El poder del razonamiento racional

Uno de los principales recursos que pueden ayudar a regular la interferencia y malestar producido por este tipo de pensamientos y preocupaciones se vincula, por tanto, con la aplicación de una serie de técnicas cognitivas que ayuden al individuo a interpretar las situaciones adversas mediante un razonamiento racional y realista. Así, a continuación se exponen una serie de estrategias psicológicas y comportamentales que pueden contribuir a realizar más ágilmente este proceso de racionalización y van a permitir una gestión emocional más eficaz durante estas semanas de restricciones, confinamiento e incertidumbre.

Estrategias concretas

1. Acceso y utilización de la información

Uno de los puntos esenciales que va a contribuir a evitar catastrofizar ante los datos que se van conociendo sobre la evolución de la Covid-19 hace referencia a hacer uso exclusivamente de fuentes de información oficiales o contrastadas por expertos. Otro tipo de fuentes como por ejemplo lo publicado en las redes sociales o los rumores emitidos por personas del entorno personal, probablemente estén sesgadas o sean incorrectas. Por otra parte, cabe aplicar el mismo principio a la hora de informar a otras personas; es importante seleccionar bien qué información se transmite y evitar el alarmismo y sensacionalismo que algunos datos llevan implícitos. Finalmente, tampoco es recomendable mentir u omitir información relevante al respecto. En todo caso, sí parece necesario adaptar la forma de comunicar tales datos en función del destinatario (niños, personas mayores, enfermos, etc.).

Por otra parte, más no siempre es mejor. En esta sociedad en la que la difusión de la información es constante puede resultar contraproducente invertir una gran parte del tiempo disponible en conocer datos actualizados en todo momento, puesto que el hecho de estar pensando en la problemática sin descanso impide que la propia mente desconecte de los potenciales pensamientos negativos. Esta falta de desconexión influye negativamente en la capacidad para adoptar una perspectiva más imparcial y objetiva sobre la situación en cuestión y favorece actitudes como el alarmismo y la catatrofización.

2. Protección y autocuidado personal

En consonancia con el punto anterior, cabe seguir las indicaciones de los organismos expertos en la materia y, por tanto, cabe respetar las medidas establecidas tanto a nivel sanitario como a nivel de hábitos y comportamiento individual cotidiano. Así, las actuaciones que van más allá de dichas recomendaciones pueden poner en riesgo la seguridad de uno mismo o de otras personas, ya que pueden provocar consecuencias como: una mayor propagación del virus, el colapso de centros sanitarios, una menor disponibilidad de alimentos o material médico esencial para las personas que realmente lo necesitan o que son más vulnerables, etc.

3. Establecimiento de hábitos adaptativos

La situación actual inevitablemente está causando una alteración en el ritmo y estilo de vida habitual que muchas personas mantenían hasta hace tan solo una semana. El confinamiento, las restricciones para desplazarse al lugar de trabajo, el cierre de locales de ocio, etc., provocan efectuar un replanteamiento de nuevos horarios y hábitos diarios que sean compatibles con estas medidas. Así, parece relevante en primer lugar, que la mayor disposición de tiempo al día se encuentre planificada para la realización de diversos y variados tipos de ocupaciones, a fin de reducir la sensación de aburrimiento, monotonía y agobio. Ejemplos de tareas y actividades a desarrollar pueden ser: dedicar unas horas fijas al teletrabajo o a tareas académicas, la realización de alguna actividad con otros miembros de la familia del hogar (compartir un juego de mesa, elaborar una receta culinaria, etc.), la lectura, la realización de ejercicio físico mediante clases on-line, disfrutar de un capítulo de una serie o de una película, hacer limpieza en casa u ordenar espacios del hogar pendientes, etc. Un orden y estructura en el ejercicio de las responsabilidades y de las franjas de ocio “casero” diario es un elemento muy útil para no perder la sensación de realización, productividad y recompensa a nivel personal.

4. Gestión específica de las emociones y los pensamientos

Otro de los elementos fundamentales que ayudan en la gestión psicológica adecuada se relaciona con el hecho de saber identificar y aceptar la ocurrencia de pensamientos o creencias negativos, así como de emociones o sentimientos desagradables. De igual manera que cabe entender que en ocasiones suceden determinadas situaciones externas que afectan al bienestar psicológico de una persona, también es cierto que es indispensable confiar en la propia capacidad para hacer frente a tales adversidades. Y para ello, un paso importante es la detección y la aceptación comprensiva del malestar. Cuando un individuo no se permite estar preocupado, angustiado, triste o enfadado está duplicando su propio sufrimiento, ya que al acontecimiento externo primario que genera afectación, se le suma la interferencia que provoca el malestar al no aceptar este fenómeno cómo natural.

Para finalizar, cabe destacar la gran influencia que las creencias y los pensamientos tienen sobre las emociones y los sentimientos humanos. Por ello, un último recurso psicológico eficaz reside en realizar ejercicios de racionalización o de “reestructuración cognitiva” sobre aquellos pensamientos sesgados, extremos, absolutistas o catastróficos. Cuestionar la veracidad y la evidencia de este tipo de ideas problemáticas va a permitir elaborar razonamientos más realistas, los cuales van a favorecer actitudes más funcionales y adaptativas ante eventos vitales adversos como lo está siendo la situación actual derivada del Coronavirus.

En conclusión, el texto pretende trasmitir que durante las semanas venideras la gestión psicológica individual que cada persona efectúe va a ser un elemento fundamental que no solo va a repercutir positivamente en el bienestar propio para el manejo de esta crisis global, sino también en el de la sociedad en su conjunto. Valores como la responsabilidad, la calma y la racionalidad son los componentes centrales que la alarma sanitaria producida por el Coronavirus parece estar demandando al conjunto de la población mundial.

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