VAGINISMO: CONCEPTO Y ABORDAJE EN TERAPIA

Carla Carulla Capdevila (Psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia)

Las disfunciones sexuales son una demanda creciente dentro del ámbito de la psicología clínica; sin embargo, muchas de ellas siguen siendo un tabú en nuestra sociedad. Esto se puede explicar por el hecho de que vivimos en una sociedad hipersexualizada con una falta importante de educación sexual; combinación que genera muchos prejuicios, mitos y expectativas erróneas en torno a esta cuestión, que, en ocasiones, pueden precipitar la aparición de disfunciones sexuales como puede ser el vaginismo. 

Pero… ¿Qué son las disfunciones sexuales y qué es el vaginismo?

Las disfunciones sexuales son definidas como alteraciones en alguno de los procesos del ciclo de respuesta sexual o dolor asociado a la relación sexual. El vaginismo, concretamente, se encuentra actualmente dentro de la categoría trastornos del dolor genito-pélvico/penetración en el manual de referencia DSM-5 y consiste en las dificultades persistentes para permitir la introducción vaginal de un pene, un dedo o cualquier objeto, a pesar del deseo de la mujer en hacerlo. Suele ir acompañado de evitación, anticipación, miedo y la contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico.

El vaginismo no presupone la ausencia de excitación y deseo sexual; no obstante, es frecuente encontrarlo en el ámbito clínico asociado a otras disfunciones sexuales como la anorgasmia, el deseo sexual hipoactivo y el trastorno por aversión al sexo. Además, se ha observado que las mujeres con vaginismo suelen presentar niveles de ansiedad más elevados en comparación a la población general. 

¿Todas las mujeres con vaginismo lo sufren de la misma forma?

Hay diferentes formas de presentar esta condición; según la intensidad, el vaginismo se puede manifestar en las siguientes formas clínicas:

  • Leve: a pesar de la imposibilidad para la penetración, existe la posibilidad de tener unas relaciones sexuales plenamente satisfactorias. En ocasiones, cabe la posibilidad de introducirse un dedo en la vagina y de tener penetración anal sin dificultad.
  • Moderado: se puede sentir placer durante el juego erótico, pero no se puede introducir ni un dedo.
  • Grave: la imposibilidad de la penetración es acompañada de un rechazo a todo lo relacionado con el sexo. Suele ir acompañado de un componente elevado de evitación.
  • Muy grave: intensa sensación de miedo ante la anticipación de una relación sexual. Suele ir unido a un trastorno de la excitabilidad y/o aversión sexual.

Causas: mitos y realidades

Aún en la actualidad hay mujeres que creen que las dificultades que presentan se deben a tener una vagina estrecha o pequeña. Esto es uno de los mitos que más comúnmente se asocian al vaginismo, pero la realidad es que el tamaño de la vagina no supone ningún problema para disfrutar de relaciones sexuales satisfactorias. 

Entre las causas reales del vaginismo podemos encontrar factores orgánicos y psicológicos. Las causas orgánicas que se asocian al vaginismo con más frecuencia son las alteraciones del himen, la endometriosis, trastornos inflamatorios pélvicos, vaginitis atrófica, tumores pélvicos o cicatrices secundarias a episiotomías. Cuando estas patologías que generan dolor en el coito están presentes, es imprescindible curarlas; sin embargo, es habitual que el vaginismo persista una vez desaparecida la patología orgánica que lo condujo y pueda requerir de tratamiento psicológico. 

Entre las causas psicológicas, se suele diferenciar entre los factores que predisponen al vaginismo, los que lo precipitan y los que lo mantienen. Por un lado, los factores que pueden predisponer al vaginismo son actitudes negativas hacia el sexo, un estilo de crianza muy rígido o represivo, la falta de educación sexual y un estilo de vínculo inseguro en la infancia, entre otros. Factores que lo precipitan pueden ser primeras experiencias sexuales inadecuadas o insatisfactorias, problemas en la relación de pareja o conductas inadecuadas de interacción sexual. Finalmente, las respuestas de miedo y ansiedad ante la interacción sexual y la hipervigilancia acostumbran a actuar como factores mantenedores, así como también la anticipación de fracaso, los pensamientos autocríticos y los sentimientos de culpabilidad.

Consecuencias del vaginismo

El vaginismo genera repercusiones significativas a la satisfacción sexual, a la salud mental y a la calidad de vida de las mujeres que lo sufren. A nivel individual suele a presentarse asociado a problemas de ansiedad, miedos, baja autoestima, sentimientos de culpabilidad para no poder mantener relaciones sexuales coitales y temor intenso a perder la pareja. Por otro lado, las disfunciones sexuales también afectan a la relación de pareja, pudiendo provocar insatisfacción, disminución de manifestaciones afectivas y problemas de comunicación, entre otros.

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Una realidad invisibilizada: desconocimiento y coitocentrismo

El desconocimiento sobre la sexualidad en nuestra sociedad junto a los tabús que aún persisten sobre cómo deben ser las relaciones sexuales, hacen que haya un retraso importante en el diagnóstico de las disfunciones sexuales. Se calcula que más del 70% de las personas que tienen un problema sexual tardan al menos uno o dos años en pedir ayuda. En el caso del dolor en la penetración, esto se acentúa aún más, ya que hay un enorme desconocimiento en torno a esta condición. Como ya se ha mencionado, la falta de educación sexual es un problema muy presente en la sociedad actual, ya que solemos recibir una educación sexual basada únicamente en la prevención (de enfermedades de transmisión sexual, de embarazos no deseados…) y no enfocada al descubrimiento, reconocimiento y potenciación del propio placer y al mantenimiento de interacciones sexuales satisfactorias. Además, cabe mencionar el carácter coitocentrista de la sociedad, que pone el foco y el éxito de la relación sexual en la penetración, obviando o restando importancia a todo el abanico de prácticas sexuales que pueden llevarse a cabo más allá de la penetración. Esto aumenta el sentimiento de culpabilidad en las mujeres que sufren vaginismo, llevándolas a sentirse incompletas e inferiores por no poder mantener relaciones sexuales coitales.

¿Cómo se aborda el vaginismo en terapia?

La intervención psicológica dentro del modelo cognitivo conductual para el vaginismo acostumbra a utilizar las siguientes técnicas: psicoeducación, entrenamiento en autoexploración y autoestimulación, entrenamiento del suelo pélvico, programa de dilatación vaginal progresiva y programa de focalización sensorial. 

  • La psicoeducación sobre sexualidad es de gran importancia para mejorar el conocimiento a nivel de anatomía y respuesta sexual, adoptar expectativas más realistas y desmentir mitos o esquemas erróneos. 
  • El entrenamiento en autoexploración y autoestimulación tiene por objetivo mejorar el conocimiento de nuestros propios genitales y las respuestas de nuestro cuerpo que son esperables ante la estimulación y en el estado de excitación. 
  • Por otro lado, la ejercitación de los músculos del suelo pélvico se suele hacer mediante los ejercicios de Kegel y se utiliza con la intención de favorecer la identificación y control de los músculos del suelo pélvico, aumentar la conciencia de las sensaciones vaginales y aumentar la excitación sexual.
  •  En cuanto al programa de dilatación vaginal progresiva, aparece en una fase ya más avanzada del tratamiento y consiste en la inserción de dilatadores de más tamaño progresivamente. 
  • Finalmente, el programa de focalización sensorial se puede usar desde el inicio de la intervención con la colaboración de la pareja para normalizar el contacto con el propio cuerpo, reducir la ansiedad ante el contacto sexual, aprender a dar y recibir placer sexual e incrementar la comunicación en pareja.

En conclusión… ¿Se puede realmente dejar de sentir dolor?

Sí, el tratamiento psicológico del vaginismo recoge un porcentaje elevado de éxito y es posible dejar de sentir dolor. Como sociedad debemos dejar de normalizar el dolor; y como profesionales debemos estar actualizadas, sensibilizadas y formándonos constantemente para poder ofrecer un buen abordaje clínico de estas disfunciones en nuevas identidades, formas de relacionarse y de concebir la sexualidad.

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