TRSTORNO POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO: CONCEPTO Y EFECTOS PSICOLÓGICOS

Autora: Carla Carulla (psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez – Psicologia i Psicopedagogia Granollers).

La relación entre el trauma y las consecuencias psicológicas posteriores ha sido objeto de estudio para muchos psicólogos y psiquiatras. Con las investigaciones se describió el conocido Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT). Pero, ¿un trauma siempre desencadena un TEPT? ¿Qué síntomas caracterizan este trastorno? ¿Cómo se crea y se mantiene? A estas y otras preguntas intentaremos dar respuesta en el presente artículo.

 ¿Cómo puede definirse la experiencia de un trauma?

Según la OMS, un evento traumático a nivel psicológico consiste en la exposición a un acontecimiento estresante o situación que supone una amenaza para la integridad física de la persona y que genera un profundo sufrimiento. La exposición a la situación traumática puede ser tanto puntual (como un accidente o una catástrofe natural) como prolongada (como por ejemplo maltrato o abusos sexuales).

¿Qué circunstancias pueden precipitar el desarrollo de un TEPT?

​Según el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), se considera que para determinar la presencia de un TEPT es necesario que: a) haya un suceso que implique la exposición o la amenaza a la muerte, lesión grave o violencia sexual, en vivencia propia o de un allegado; b) que la persona responda con miedo intenso; y c) que los síntomas posteriores incluyan lo siguiente:

– Reexperimentación persistente del evento traumático (a través de sueños, pensamientos o imágenes intrusivas, flashbacks…).

– La evitación de estímulos asociados al trauma (esfuerzo por evitar pensamientos o conversaciones relacionadas con el trauma, evitar lugares, objetos o personas que hagan recordar el evento traumático, etc.).

– La disminución de la capacidad de reacción general (reducción del interés en actividades gratificantes, capacidad muy reducida para sentir emociones asociadas con la intimidad, etc.).

– Síntomas persistentes de aumento de activación (estado de alerta constante, hipervigilancia, ira excesiva o incontrolable, dificultades para conciliar el sueño, respuesta exagerada de sobresalto, etc.).

Además, para el diagnóstico de TEPT es preciso que los síntomas mencionados duren más de un mes y que la interferencia genere un malestar clínicamente significativo o un deterioro en alguna de las áreas del funcionamiento básico (laboral, social, académico, familia, etc.).

¿Qué factores de riesgo se asocian más frecuentemente al desarrollo de un TEPT?

​Cuando el evento estresante es producido directamente por el hombre, la probabilidad de desarrollar TEPT aumenta. Así entonces, una violación o un acto de terrorismo es más probable que genere un trastorno por estrés postraumático que una catástrofe natural. Asimismo, ante mayor duración o frecuencia del episodio traumático, más probabilidad de desarrollar un TEPT.

¿Es únicamente la exposición al trauma lo que genera el desarrollo de un TEPT?

​No, no toda exposición o vivencia de un trauma acaba desencadenando en un trastorno por estrés postraumático. Algunos estudios han determinado que para que se acabe desarrollando un TEPT suelen estar presentes cierta vulnerabilidad biológica y psicológica. A nivel biológico se cree que una hipersensibilidad neurobiológica al estrés determinada genéticamente puede influir en el desarrollo de un TEPT; y a nivel psicológico se considera que el hecho de percibir los eventos traumáticos como incontrolables e impredecibles aumenta la probabilidad de desarrollar un trastorno por estrés postraumático. Asimismo, las habilidades de afrontamiento de la persona y el apoyo social con el que cuenta, son factores claves en la producción de un TEPT.

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¿Qué ocurre desde un punto de vista psicológico cuando se inicia un TEPT?

​A partir de la aparición de un TEPT, se genera una expectativa ansiosa automática a volver a experimentar las respuestas condicionadas de miedo y los estímulos relacionados. Así entonces, ante la presencia de estímulos asociados al trauma, se activa la red afectiva que genera un estado de ansiedad. A través de un condicionamiento clásico, ciertos estímulos que previamente al trauma eran neutros, adquieren potencialidad de generar miedo y esta propiedad se extiende a muchos otros estímulos internos (pensamientos, recuerdos y sensaciones) y externos (lugares, sonidos, movimientos, personas, objetos). Es por este motivo por el cual una gran cantidad de estímulos pasan a activar estas redes y se experimentan con elevada frecuencia respuestas de miedo, activación y reexperimentación del trauma. Esto genera un estado de hiperactivación crónica y de hipervigilacia hacia los estímulos temidos, así como una modificación en las expectativas, interpretaciones y creencias de la persona que genera estados emocionales propios del TEPT como la culpa, la vergüenza, la ira y la depresión.

¿Los niños pueden desarrollar un TEPT?

​Sí, el TEPT puede iniciarse también durante la infancia. La edad media de inicio en Europa se encuentra entre los 24 y 28 años y los síntomas suelen empezar dentro de los tres primeros meses posteriores al suceso traumático. Adicionalmente, los sucesos traumáticos en períodos de alta vulnerabilidad como es la infancia, se han asociado con posteriores consecuencias psicológicas a nivel de conductas de apego y regulación emocional en la edad adulta.

¿Cómo se trabaja en terapia el TEPT?

​La terapia para el tratamiento del TEPT incluye un abordaje de diversos aspectos: la gestión de la ansiedad y el miedo, la modificación de los sistemas de atención e hipervigilancia presentes, el reprocesamiento de la experiencia mediante la exposición en imaginación, la reestructuración de creencias y sesgos cognitivos derivados del suceso traumático, así como también el trabajo de gestión emocional de emociones como la vergüenza, la culpa, la ira, etc. Se trata de un trabajo complejo e integral, que aborda todos los aspectos de la persona que han quedado afectados tras la experiencia traumática vivida.

Referencias bibliográficas

Bados, A. (2017). Trastorno por estrés postraumático. Barcelona: Material de uso interno (no publicado).

Feldner, M. T., Monson, C. M., & Friedman, M. J. (2007). A critical analysis of approaches to targeted PTSD prevention: current status and theoretically derived future directions. Behavior modification, 31(1), 80-116.

Foa, E.B., Hembree, E. y Rothbaum, B. (2007). Prolonged exposure therapy for PTSD: Emotional processing of traumatic experiences. Therapist guide. Londres: Oxford University Press.

Young, J. C., & Widom, C. S. (2014). Long-term effects of child abuse and neglect on emotion processing in adulthood. Child abuse & neglect, 38(8), 1369-1381. 

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